Es bastante graciosos observar como tus planes y los de los que te rodean se rompen en un espacio de tiempo corto: dos días. Cuatro años preparando lo que iba a ser nuestro mejor tiempo, desaparece de un día para otro. Lo mejor, es que ves como esos sueños posibles desfilan por tu cabeza mientras te señalan y se despiden. Todos, poco a poco. No tiene prisa, quieren que veas lo que tu has destrozado.
Algunos dicen que no ocurre nada, que quizá sea "el destino", él lo ha elegido y es por algo. Si, yo sé por qué, ¡por joder!. Por tener que ser diferente hasta en los planes. Hacer diferente "el destino" de los que te rodean, ya que es inevitable tu diferente forma de pensar, esta vez de castigarte. Castigos, lógicamente merecidos. En algún momento la vida me tendría que castigar. Ha tocado en el peor momento. Ha destruido todo lo que podía haber florecido en mi y con ello, lo que a la gente que le importo. Todo es, ahora, destrucción y castigo. La sociedad, los sueños, la vida, el mundo.
No queda más que la desesperación y el odio para superar lo aniquilado. No sé muy bien cuanto tiempo necesitaré para restablecer lo que un día ha destruido. Un día sé que no. Ni una semana. Ni tampoco dos.

Quien algo se propone, con verdadero propósito de cambio, tarda lo que quiere en conseguirlo.
ResponderEliminarNo es desesperación, sólo es frustración
Ánimo...