jueves, 29 de abril de 2010

Querida nieta




-Buenordías. Dijo mientras suspiraba.
-Güenas Joséh. Le contestó la voz más grave del mundo. -Como ta' tu nitecica?. Le dijo este mismo -Po' áhi ta', tirá en la cama, que anoche a las doh' se puso a jugar a las muñecas. Le contesto mirando al horizonte. -Que graciosa. Mi hijo ta' de viaje y ya hace dos semana que no veo a mi nieto. Dentro de na' va a cumplí sais años...¡Cómo pasa el tiempo, macho!. Se quejaba Don José, mientras, como no, le daba un palico en la espalda a su acompañante. Sentados como cada día, veían pasar a transeuntes por la plaza del pueblo, con sus árboles y sus palomicas merodeando pidiendo migas de pan. -Mira que pintas lleva aqué. Si Franco levantase cabeza. Don José se quejaba, y no por primera vez en todo el día. -Po' no ves que pelos. Iba yo a deja' que mi hijo fuera asín. Le contestaba Cuando uno de otros transeuntes pasaban, estos dos ancianos miraban a la paz desde abajo hasta arriba, desde los zapatos hasta el pelo, de todos y cada uno de los transeuntes. Detras de este, desaliñado, personaje, una joven guapa corría tras él. -Óle, óle y óle lah mujeres guapa de este país. Chillaba el amigo de Don José mientras se levantaba del banco con ayuda del centenario bastón. -Joé, pero si se le ve tó'. Mira, si Franco estuviese aquí, esta me llevaría otras pintas. -Deja a las zagalicas ¡José!. Se quejaba el amigo y compañero. Dos campanadas suenan. Las dos de la tarde hora de comer. -Pepa, mhas hecho el cocio'?. Chilló el anciano compañero. -¡Si!. Se escuchó la voz lejana de su anciana mujer. -¿Po' ande tas?. Dijo curioso La arrugada pero bella mujer estaba en su habitación, cambiandose de ropa. -Si fuesemos en otros tiempos, lo que te haría yo a ti!. Dijo el marido mientras se asomaba a la habitación. Se cogieron de las manos y se besaron. El amor fluye. -¿Sa levantao la María? -¡Quevá!. Tá en la cama tavía. Y mira que limpiao... -¡María!. Chilló en un intento de estar furioso asu queridísima nieta.

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