
¡Feliz Cumpleaños!- Alegremente le sonreía yo.
Él no contesto, pero su ancha sonrisa me lo dijo todo. Su cabeza se movía sin parar y su mirada estaba distante e intentaba decirme algo, pero nunca sabre qué.
Así es como mi hermano representa la felicidad. Mientras otras personas te dan besos, la mayoría falsos, él solo dedica preciosas sonrisas.
Me tuve que salir del cuarto, no quería que viese como estaba llorando, verlo allí en la silla de ruedas sin que puede poner un pie en el suelo me producía gran dolor, pero a la vez esa satisfacción de saber que me quiere y de que yo le quiero. Aún así, las lagrimas no se sabían contener en mis ojos, debían salir, un a vez más.
Me sequé las lágrimas y decididó a darle el mejor regalo del mundo salí de mi escondite.
Lo vi sentado, como siempre, y mantenía entre sus manos un avión que le había regalado el vecino.
A Roberto le encantan los aviones. Ya desde pequeño se subió en uno para ir al hospital ha hacerle las pruebas, aún no sabíamos nada. Roberto no paraba de mirar por la ventana y sonreía y sonreía.
Mi regalo no era otro que un viaje en avioneta en el que se encontrará con personas con deficiencias físico-mentales.
Le cogí el avión, señalé a Roberto y luego al avión. Ni sonrisa ni nada. El abrazo que nunca pensé que sería posible, sus brazos se deformaron aún más pero yo estaba dentro de ellos, mi hermano me estaba abrazando, mis lágrimas si que no se contuvieron y no me iba a alejar ni un solo milímetro de él. "Te quiero" le susurré al oído.
Toda su familia miraban sorprendidos la experiencia y más de uno pensaba en intentarlo. La madre solo lloraba emocionada. La cara de Roberto expresaba millones de sensaciones a la vez, alegría, sobre todo.
Venga una foto- Ya estaba mi familia jodiendo la marrana.
Si apartamos por un momento las lágrimas, mi regalo para Roberto y el abrazo, por lo demás fue una preciosa fiesta de 18 cumpleaños.
Roberto se cabreó mucho cuando le dijimos que el vuelo no se realizaría hasta dentro de tres semanas. Lo quería ya. Se cabreó mucho. Ese día lo pasó entero en el césped de la terraza mirando el cielo azul con esas preciosas nubes blancas.
Así fue cada día, hasta que pasaron tres semanas.
Hoy es el día, Roberto, vamos, despierta. Hoy volamos - Despertó. Esa era una de las pocas palabras que lograba entender. Cogí el avión y estuve planeando con él por la habitación. Roberto estaba nervioso, hacia 17 años que no volaba, y cuando tenía un año no lo disfrutó.
una vez allí, reconoció a su amigo Paco. Pero no tardó en darse cuenta de que allí estaba su novia que vivía lejos de nosotros. Sus ojos se iban a salir su sonrisa era especial. Fue precioso el reencuentro, yo ya lo sabía, les invité, les pagué el vuelo.
Se besaron. Eso es amor. Precioso. Gracioso, como ponían los labios, esos morritos que les salían a cada uno.
¡Pasajeros a la avioneta!- Anunció un hombre, supongo que el coordinador, con la voz alzada.
Roberto y Lucia, hacían buena pareja. Era precioso. Tuvimos que ponerlos juntos, no soltaban sus manos, aún menos sus miradas. ¿Qué se querrían decir?
La avioneta cogió velocidad. Roberto estaba totalemento enloquecido de emoción. Era perfecto.
Lágrimas, hoy no, por favor. - Les supliqué, pero fue en vano.
Esa estamapa era preciosa. Rodeados por nubes y cogidos de la mano, se besaron. Sacaron esos morritos tan graciosos, otra vez.
Para sorprenderlos aún más, me encarque de comprar una piruleta de millones de colores y de un tamaño bestial. Se la di a los dos. No paraban de chupetear la pirutela mientras volábamos. El viaje duró una hora. Cuando bajamos, no quedaba ni un color en la piruleta, ni si quiera había piruleta, solo el largo palo. El palo fue el regalo de Roberto hacía Lucia, ella, como si el palo fuese algún precioso diamante de millones de Euros, no lo podía aceptar, Roberto insistía. Al final ella lo cogió y pensando que esto era una despedida, sacaron morrirtos y se besaron.
Lucia y sus padres se subieron al coche. Yo creo que es hija única porque sus padres tienen miedo a que vuelvan a tener un niño con deficiencia. Chorradas, pero hay gente así.
Roberto y yo nos quedamos por el parque un rato mientras saludaba a todos sus conocidos. Antes de irnos, les dijo que yo era el mejor hermano que nadie pudo tener, volvió ha hacer un eterno esfuerzo para abrazarme, no me iba a negar, ni mis lágrimas. Me abrazó aún más fuerte y me susurró dificilmente "Te quiero".

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