Sonaba una canción mala, muy mala. Te acercaste a mí.
- Déjame que te de un beso, fíate de mí.
No entendía porque querías que me fiase de ti hasta que te acercaste.
Rozaste mis labios. Me besaste en la mejilla, muy cerca de mis labios. Moviste tu cabeza hacia el otro lado de mi cara y te note cerca. Me besaste en la otra mejilla, de nuevo rozando mis labios.
Te apartaste lentamente con un movimiento sexy y orgulloso. Te dejé que me besaras.
Me pusiste a cien. Tuve que buscar asiento y descansar. Noté como mis hormonas se revolucionaban y corrían dentro de mí por lugares que no debían.
sábado, 14 de enero de 2012
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Vaya... qué sensación tan inigualable.
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