
Me sentía libre.
Paseaba por la playa, era un día totalmente soleado pero, aún así, amenazado por unas nubes negras. No quería pensar en la posibilidad de que lloviera.
No había nadie en la playa mas que yo, pero si lo hacían paralelo a la playa por la acera miles de persona que iban a trabajar, abuelos estirando las piernas o quizá esperando a la muerte, los drogatas que se escondían en las palmeras. A mi, a mi no me apetecía estar por la acera, sentir como mis pies se hunden en la arena, es increíble. Acercarme al agua y poder oler la sal que recorría todo el agua me enloquece.
No me dí cuenta de la hora, era la hora de comer, pero no me apetecía irme hasta que todo el cielo se oscureció y comenzo a llover. Esa lluvia que cae fría en abril, al cabo de diez minutos estaba totalmente empapado y recordé a mi madre cuando me mojaba en verano con esas luchas de globos de agua que me quitase la ropa que iba a pillar una pulmonía. Eso hice, quitarme la ropa, me quede totalmente desnudo en la orilla de la playa, me sentía bien, además nadie me conocía en este pueblo. Pero al parecer, no era al único que le gustaba sentirse libre a la orilla de la playa mientras llovía. Al contrario que yo, venía una preciosa chica, y ya que puedo, cabe destacar lo bonito de sus pechos. Era de un pelirrojo despampanante, brillante, precioso y tenía los ojos verdes. Cuanto más se acercaba más me recordaba a alguien. Me recordaba a esa chica que conocí en el instituto y se tubo que ir porque nos pillaron besandonos en el cuarto de las fregonas. Pero eso era imposible. Cuando los dos pasábamos uno al lado del otro paramos, yo no sabía porque, pero mis ojos la miraban penetrantes en sus cabellos rojizos y en sus verdosos ojos.
-¿Qué tal está Amor?- ¿Qué?, Amor, mi gato.
-¿Perdone?- No entendía nada, esa chica me pregunta por mi gato
Acerco sus labios a mi oreja y me susurró-Shh- Los aparto para llevarlos a mi nariz y poco a poco bajó hasta llegar a mis labios, esta vez no los aparté. La lluvia no era ningún factor en contra de nuestro beso, estaba a favor, no paraba de llover, no sabía cuanto tiempo llevaban nuestros labios juntos y nuestros ojos cerrados, no quería saberlo.
-¿Eres tú?, Hayley
-Si, no he parado de pensar en ti. No te has ido de mi cabeza en estos últimos tres años, cabrón
No paraba de darme puñetazos pero a su vez no paraba de besarme
-Te amo- Le dije entre nuestros labios
-Bésame y no pares jamás
Nuestros cuerpos desnudos en la orilla de la playa mientras la lluvia no cesaba nuestra pasión era cada vez mayor. Nuestra pasión hizo su trabajo
-Hazme el amor- Me dijo entre besos
Mis labios rozaron su cuello perfecto. Sus manos me apretaban con fuerza mi cabeza contra su cuerpo. Ella me besó la oreja. Nuestros pies estaba, ya, mojados por agua salada se entrelazaban unos con otros. Nuestras manos se unían y se apretaban. Nuestros labios se mordían poco a poco. Mis labios dibujaban su cuerpo. Sus manos enloquecían. Nuestros cuerpos, eran uno.
Nos sentíamos libres

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